Acoso escolar o bullying

El bullying o acoso escolar puede darse en cualquier tipo de centro educativo manifestarse por diversas causas, como por ejemplo:

Causas personales, como son la baja autoestima o la necesidad de aprobación o pertenencia grupal.

Causas a nivel familiar, como son la imitación de progenitores violentos, o la falta de atención recibida en familias desestructuradas, etc.

Las víctimas diana del acoso suelen ser compañeros pertenecientes o asociados a un determinado grupo que aún no está adaptado a la sociedad de forma normalizada como puede ser el colectivo homosexual. También puede darse en personas inseguras con baja autoestima, tímidas o con pocas habilidades sociales.

Cuando hablamos de acoso escolar no solo nos referimos a golpes o empujones, característicos del bullying físico. También se dan otro tipo de acosos:

El psicológico, caracterizado por chantajes, persecuciones, manipulación, amenazas, etc. Acrecentando así el temor en la víctima.

El verbal, donde se dan acciones no corporales con el fin de discriminar. Por ejemplo los insultos, difundir rumores, o reírse de la persona diana.

El sexual, es posiblemente el más complicado de intervenir, ya que hay muchas personas que no admiten que haya niños que lleven a cabo este tipo de conductas: Hacer referencia a zonas íntimas, presionar para que haga algo que no quiere, inducción o abuso sexual, etc. Dentro de este tipo de acoso incluimos el bullying de carácter homófobo.

El social pretende aislar a la persona del resto del grupo, ignorándole y excluyéndole de toda actividad para evitar que adquiera un sentimiento de pertenencia grupal.

El cyberbullying, acoso con una problemática muy seria a causa de la gran visibilidad y difusión de los maltratos, además de salvaguardar la identidad del acosador eximiéndole de culpas o responsabilidades

El acoso en las aulas no solo tiene efectos negativos para las víctimas, también se dan en el acosador y el las personas que participan pasivamente de este acto.

En los acosadores disminuye su empatía, desciende su comprensión moral, se refuerza un modo de relacionarse violento no aprendiendo a desarrollar formas de comunicación y vinculación social no agresivas, y aumenta la posibilidad de delinquir.

Con respecto a los espectadores, puede desarrollarse una insensibilidad ante la violencia, las injusticias y el sufrimiento ajeno, viendo el maltrato como una respuesta normalizada. También pueden aflorar miedos ante los agresores e inseguridades de actuación. Pueden sentir frustración por no actuar o defender sus ideas aumentando sus inseguridades.

En las víctimas de acoso se observa una sintomatología muy diversa que no acaba en la adolescencia si no se trabaja. Normalmente sufren de estrés, problemas de autoestima, trastornos psicosomáticos, ansiedad, depresión e incluso en casos muy graves ideación o conducta suicida.

El bullying no afecta únicamente en el momento de su desarrollo, en edades adultas, las personas acosadas en su infancia sufren problemas emocionales y de comportamiento. El daño psicológico no desaparece si no es tratado, mas bien perdura con ellos, causándoles desajustes psicosociales y problemas psicológicos, (tienen mayor tendencia a sufrir agorafobia, ansiedad, depresión y conductas antisociales). También pueden originar síntomas psicóticos; hay estudios que indican que los niños que han sufrido acoso escolar tienen mas probabilidad de sufrir alucinaciones, delirios o ideación paranoide en la adolescencia.

Para detectar el bullying hemos de observar si el menor ha sufrido algún cambio de conducta. Como por ejemplo: cambios en el estado de ánimo, irritabilidad, no querer asistir a clases, ver que tiene más moretones o golpes de lo habitual, notar que está mas retraído y/o hipervigilante, se queja de dolores de cabeza o de estómago frecuentes, pierde objetos con frecuencia, está triste sin motivo aparente, tiene el denominado síndrome del domingo por la tarde, etc. Una vez detectado hemos de hablar con él para que se sienta apoyado y comprendido, y con el colegio para que tome las medidas necesarias. También se ha de tener presente, si el niño lo demanda o la sintomatología no mejora, el acudir a un profesional.

Para prevenir el bullying, a todos los espectadores pasivos, hemos de educarles en evitar apoyar al acosador y sensibilizarles ante el sufrimiento de la víctima. Si un agresor no siente el apoyo o admiración del público, no continuará ejerciendo la violencia o la reducirá notablemente.

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