El peligro del alcohol (II)

Hemos visto que se pueden diferenciar distintos tipos de bebedores o alcohólicos por su dependencia, control y consumo. Todos ellos, van a pasar por distintas fases según el grado de adicción que desarrollen. Según la clasificación de E.M. Jellinek podemos diferenciar 4 fases:

Fase pre-alcohólica: La persona utiliza el alcohol como una vía de escape ante el estrés o los momentos difíciles. Asocia el alcohol con la fiesta, la diversión o el alivio. El individuo no imagina que pueda desarrollar una dependencia y continúa consumiendo, provocando cambios en su cuerpo que aumentan la tolerancia a las bebidas. Cada vez aguanta más el consumo sin embriagarse. No repara en el aspecto negativo del alcohol ya que considera que sabe beber y siempre va a mantener el control del consumo. En esta fase no se dan problemas de funcionamiento a nivel psicológico, físico o social.

Fase prodrómica: Se desarrolla de forma lenta pero progresiva. El alcohol empieza a ser el protagonista en los pensamientos del consumidor. Se inicia una necesidad imperativa de consumir y una culpabilidad por su comportamiento. Consume a escondidas de los demás, le resta importancia al problema y se muestra irascible con cualquier referencia al alcoholismo que le puedan hacer. Comienza a tener amnesia alcohólica (lagunas mentales). Aparecen los primeros síntomas psicológicos causados por el alcohol: remordimientos, culpabilidad, cambios en el estado de ánimo, etc.

Fase crítica: Desarrollo de la enfermedad como tal. Pérdida de control y dependencia al alcohol. Su conducta es recriminada por sus amigos y familia, empieza a tener problemas laborales y sociales. El individuo desarrolla una conducta hostil con ideas de grandeza y fanfarronería como método de autodefensa por las críticas externas. Comienza el autoengaño. Puede cursar con períodos de total abstinencia a causa de los remordimientos o bien para evitar la presión social y demostrar su control ante la bebida. Cursa con apatía, indiferencia ante todo lo que no esté relacionado con el alcohol, trastornos en la alimentación, disminución de la líbido, celopatía sexual, consumo en ayunas y primeras hospitalizaciones. Aparecen los primeros síntomas físicos del consumo.

Fase crónica: La persona sufre un notable deterioro en las diferentes áreas de su vida, (física, psicológica, laboral y social). Su consumo es diario, y si no pude acceder al alcohol, aparece el síndrome de abstinencia. Su capacidad de elección en el tipo de bebida disminuye o desaparece. Desarrolla una obsesión adictiva y dependiente que le obliga a consumir cualquier tipo de sustancia alcohólica, pudiendo llegar a ingerir productos que se encuentran fuera de las bebidas aptas para el consumo, como por ejemplo colonias o desinfectantes. Aparece un notable deterioro de sus capacidades cognitivas y mentales. Disminuye el nivel de tolerancia al alcohol. Aparecen temblores y el posible desarrollo de una psicosis alcohólica.

 Como conclusión, se ha de tener presente que el alcoholismo es una enfermedad muy grave que no se debe subestimar. Puede llevarte a una hospitalización definitiva y finalmente a la muerte a causa de las diversas enfermedades y problemas derivados de la adicción en sí, ( hepatitis alcohólica, cirrosis hepática, neuropatía alcohólica, pancreatitis, problemas cardiovasculares, encefalopatía de Wernicke, psicosis alcohólica, demencia, depresión, etc).

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